sábado, 19 de mayo de 2012

BLAQUIER ESTA PROFUGO DE LA JUSTICIA PORQUE....


Carlos Blaquier y Ledesma: historia de horrores y negocios



La empresa Ledesma fue cómplice de la dictadura cívico-militar. La noche del 20 de Julio de 1976 (conocida como "la noche del Apagón" ) la usina de Libertador General San Martín (Dpto. de Ledesma. Jujuy) corta el suministro eléctrico, mientras policías, gendarmes, militares y capataces de Ledesma comienzan a allanar y saquear viviendas de los pueblos de Lib. Gral. San Martín y Calilegua. 400 trabajadores, estudiantes y profesionales son llevados a los galpones de mantenimiento del ingenio azucarero, donde permanecieron días y meses atados y encapuchados. Tras las torturas e interrogatorios, algunos son liberados, otros son enviados a comisarías o cuarteles militares, otros aparecen en cárceles de distintas provincias. Treinta compañeros permanecen desaparecidos. La foto que ilustra este post corresponde a una condena de los familiares de esas víctimas. Roberto Pucci, historiador, autor del libro Tucumán 1966-Historia de la destrucción de una provincia", escribió la siguiente nota de imprescindible lectura para ver la trama entre los negocios, la persecución y el terrorismo de Estado en la Argentina, incluído el perpetrado contra la "sacrosanta" propiedad privada.

La novedad de que la corporación del Ingenio Ledesma ha desembarcado en la actividad azucarera de la provincia de Tucumán debe ser considerada con precaución, por no decir con cierta alarma, puesto que los tucumanos deben saber que todo su poderío actual se edificó a partir de su estrecha asociación con las dictaduras militares de 1966 y 1976.
Su propietario y presidente reescribe ahora su trayectoria y presenta al Ledesma como una víctima más de la salvaje agresión desatada contra Tucumán por la dictadura militar de Onganía, que liquidó once ingenios (el 40 por ciento de las fábricas), eliminó de la actividad a unos 11.000 pequeños cañeros, lanzó a la desocupación a unos 50.000 familias y obligó a 250.000 tucumanos a un penoso exilio interior, apiñados en las villas miseria de Buenos Aires.

La verdad, por el contrario, es que Herminio Arrieta y Carlos Blaquier integraron los cenáculos cívico-militares que planearon aquellos golpes de Estado y la destrucción de Tucumán y, mediante la liquidación de ingenios como el Esperanza, el Santa Ana y otros (gestionados entonces por cooperativas mixtas de cañeros, obreros y el estado provincial), se apoderaron de la parte del león del mercado azucarero gracias a los decretos-leyes impuestos por Jorge Salimei, Adalbert Krieger Vasena y otros funcionarios de aquella dictadura.
El ingenio Mercedes fue adquirido por Herminio Arrieta con el fin de clausurarlo, medida que tomó en 1967 a pesar de ser el único ingenio tucumano que recibía aumentos de cupos, mientras el resto era cerrado por la fuerza o sufría recortes y padecía la asfixia crediticia del poder central.
Tras la muerte de su suegro, Carlos Blaquier fue un activo conspirador y propagandista de la dictadura del llamado “Proceso”, predicando contra el liberalismo y la democracia, a la que despreciaba con el nombre de “votocracia”. En aquellos oscuros años, el ingenio Ledesma fue cómplice del secuestro y desaparición de decenas de sus obreros y empleados, en la llamada “noche del apagón” de julio de 1976, acción por la que Carlos Blaquier se encuentra inculpado hoy ante la justicia federal.
La historia no admite reescrituras infinitas.





La historia negra de la familia Blaquier



La familia Blaquier y la “Noche del apagón”

El buen documental “Sol de Noche La historia de Olga y Luis”, co-dirigido por Pablo Milstein y Norberto Ludin con producción de Eduardo Aliverti, narra con precisión la conocida como “Noche del Apagón”, con el hilo narrativo de la historia del médico Luis Arédez y su esposa Olga Márquez, pero también, la historia de la familia Blaquier, dueña del ingenio Ledesma.

La Noche del Apagón

El 27 de julio de 1976, la ciudad de Libertador General San Martín y la localidad de Calilegua fueron sitiadas por la Policía de la provincia de Jujuy, la Policía Federal, el Ejército y la Gendarmería Nacional. A las 22 horas se produjo, simultáneamente en las dos localidades, un apagón total (salvo en la fábrica de la empresa Ledesma).

Amparados en la oscuridad, en vehículos de la propia empresa manejados por sus empleados, las fuerzas represivas secuestraron a 400 personas: obreros, estudiantes secundarios y universitarios, amas de casa. Todos fueron llevados a lugares clandestinos de detención, en los galpones de mantenimiento del ingenio Ledesma, donde permanecieron días y meses atados y encapuchados, para finalmente ser trasladados en grupos a la sede de la Gendarmería Nacional o bien a la central de policía de Jujuy en San Salvador. Los detenidos eran recibidos por el comisario E. Haig. La historia reciente de Jujuy lo recuerda como a uno de los asesinos más grandes del noroeste argentino. Él era quien decidía quién viviría y quién moriría. Los que sobrevivían a las torturas eran destinados al penal de Gorriti y de ahí al campo de concentración de la localidad de Guerrero, actual Escuela de Policía de Jujuy. Este campo de concentración era habitualmente visitado por el obispo José Miguel Medina, quien en días de la “democracia” fue elevado a vicario castrense de las Fuerzas Armadas.

La historia de Olga y Luis... y de la familia Blaquier


El doctor Arédez y su esposa habían viajado desde Tucumán a Ledesma a trabajar como pediatra del ingenio. Allí se encontró con las secuelas de la explotación en los más indefensos, los niños, atacados en verano por feroces diarreas. Al año fue despedido por proporcionarles a sus pacientes “demasiados” medicamentos. Arédez se quedó trabajando en la provincia, donde era querido por todos. En 1973 lo eligen intendente de Libertador General San Martín, y entre las medidas que toma hubo una que lo marcó de muerte: cobrarle, por primera vez, impuestos al Ingenio Ledesma.

El mismo 24 de marzo de 1976 es secuestrado en un vehículo del ingenio y está un mes desaparecido. En 1977 lo desaparecen definitivamente.
Desde hace veinte años su esposa Olga marcha en la plaza del pueblo con “Madres de Detenidos y Desaparecidos del departamento de Ledesma-Jujuy”, y desde hace siete años marcha ella sola. Una gran marcha se realiza todos los años el 27 de julio recorriendo los pueblos afectados, organizada principalmente por Olga y sus cuatro hijos.

Lo que también muestra el documental es la complicidad absoluta del ingenio con las fuerzas represivas, o mejor dicho: las fuerzas represivas como guardia pretoriana del capitalismo. El «involuntario» testimonio de quien fuera jefe de personal deja esto al desnudo, contando incluso cómo se torturaba dentro de la empresa, donde también la Gendarmería tenía un destacamento permanente. Asimismo, la inhumana explotación de los trabajadores con que se forjó la fortuna (activo de 500 millones de dólares) de la familia Blaquier, dueña del ingenio. Cada gramo de azúcar está abonado por la sangre de miles de trabajadores y sus familias y por la salud de todo un pueblo (el bagazo -desperdicio de la caña- es tremendamente nocivo y nauseabundo. Incluso Olga está enferma de “bagazosis”).











Oportunista, pragmático, de buena relación con Frondizi, y amigo de Gerardo Morales, y Cobos. Admite haberse reunido con el General Perón, durante su tercer mandato, y dice que este fue un buen gobernane por esos meses.
A diferencia del "primer Perón" demasiado estatista.
Afirma que la presidenta es bonita y que a Nestor no lo conoció.
Que es "cristinista" (curioso, el monopolio, Leuco yotros coreutas así definen al peronismo hoy: cristinismo ) porque gracias a las políticas nacionales del gobierno puede vender cerdos (????)
Vive en una casa de 17.000 metros cuadrados en San Isidro, tiene siete embarcaciones.
Y está convencido que hay campañas negativas contra los empresarios argentinos, y en cuanto a los desaparecidos del Ingenio,obviamente dice no tener relación alguna y que no tiene nada que ocultar ni de qué arrepentirse.

Hoy a esta hora cuatro muertes sacuden al imperio Blaquier.
Un juez ordenó el desalojo de 17 hectáreas a las 7 de la mañana, cuando al mediodía debía realizarce una reunión conciliatoria entre la Corriente Clasista Combativa, la empresa y el municipio.
La Historia y el presente nos empujan como peronistas a repudiar estos hechos.
Pero por sobre todas las cosas a actuar.
Porque somos gobierno.
JUICIO Y CASTIGO.

GB

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