viernes, 30 de mayo de 2014

De Sandino al sandinismo: La experiencia nicaragüense en la lucha por la liberación nacional Por Dionela Guidi

Tras la huella de Morazán

“… Resucitar de la Tumba de Morazán a Centroamérica”
José Martí

A lo largo de su historia, Centroamérica fue una codiciada tierra de disputa imperial. Su importancia geopolítica radicaba (y radica) en su posición Intercontinental e Interoceánica, vital para la circulación de mercancías. Con la decadencia colonial de España en América y la expansión capitalista mundial producida 
a partir de siglo XIX, Inglaterra como potencia de ultramar, fija su mira en el Caribe como vía marítima para el transporte rápido y económico de materias primas, en el que Nicaragua sería el territorio para la construcción de un canal interoceánico. 

En 1821, los países que conformaban el Reino de Guatemala, declaran su independencia y casi de 
inmediato comienza el enfrentamiento por estas tierras entre Inglaterra y el naciente poderío de Estados 
Unidos, afectando desde el inicio el curso de la vida política interna de sus provincias, devenidas mas tarde 
en países1.

Luego de una breve anexión al Imperio de Iturbide en México, las Provincias Unidas de Centroamérica, 
conformadas por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, proclaman en Asamblea 
General la primera constitución de la República Federal de Centroamérica. Se concretó el 22 de noviembre 
de 1824, y se instituyeron entre otras medidas, la independencia de España, México o cualquier otra Nación, 
la eliminación de los títulos nobiliarios y la abolición de la esclavitud. Es en este momento cuando se 
definen con claridad los grupos políticos en Centroamérica delineándose dos partidos antagónicos: los 
Liberales y los Conservadores. Los primeros abogaban por el desarrollo de un Estado Capitalista, basado 
en un sistema político federal en dónde las distintas provincias contaran con igualdad de derechos. Los 
Conservadores, encarnados en caudillos regionales, defendían los privilegios provenientes de la época de 
la colonia y tendieron a fracturar la unidad en América Central.2

En 1825, Manuel José Arce es elegido como el primer presidente de la Republica Federal. De tendencia 
liberal, intentó aplicar un programa de reformas fuertemente resistidas por los conservadores, quienes 
impidieron a través de su poder político, económico y de control del Congreso la concreción de las mismas, 
lo que llevó a la claudicación del presidente y su posterior alianza con su otrora oposición.

Arce decidió disolver el Congreso federal, decisión que desató una guerra civil y condujo a una ola de 
levantamientos en todo el territorio centroamericano. En este convulsionado momento ingresa la figura de 
Francisco Morazán.

Este político y militar, olvidado por la historiografía del continente, protagonizó desde Honduras la rebelión 
contra las medidas de Arce, y resistió la destitución del jefe de Estado hondureño y tío político de Morazán, 
Dionisio de Herrera. En 1827, tras fugarse de la prisión, organiza una fuerza militar a lo largo y ancho del 
Istmo con el objetivo de reconstruir la Federación Centroamericana. Desde aquí protagoniza una serie de 
victorias militares que lo posicionarán como líder de los liberales y que lo conducirán a la presidencia de 
Honduras primero y más tarde, en 1830, a la presidencia de la República Federal de Centroamérica 
derrotando en las elecciones al conservador José Cecilio del Valle.3 

Morazán encabezó una serie de transformaciones que buscaban romper con los antiguos vestigios del 
colonialismo y construir un Estado Nacional soberano e independiente, intentando avanzar contra el 
latifundio en manos de la oligarquía terrateniente y la Iglesia Católica. Dirigió esfuerzos en la creación de 
una clase burguesa nacional para el desarrollo un modelo autónomo, y protegió la incipiente industria 
impidiendo la apertura indiscriminada a los productos extranjeros. Promovió la producción local exportable 
fomentando a su vez el mercado interno.

En materia educativa, entendió a la misma como piedra angular para la conformación de una Nación, la que 
se constituyó como responsabilidad del Estado, gratuita y obligatoria.

Sabiendo que se erguían sobre Centroamérica los colmillos imperiales ingleses y norteamericanos, luchó 
constantemente por la soberanía de Belice, Islas de la Bahía y demás territorios del Caribe en manos de la 
corona británica, quien como conocemos ampliamente en nuestras tierras del sur, no perdió el tiempo, 
cosechando permanentemente la división de la Unión Federal.

Sin embargo, las fuerzas de la reacción (la vieja oligarquía y los diferentes imperios) socavaron las bases 
de este proyecto emancipador, que por otro lado no pudo consolidar fuerzas económico –sociales que 
sostuvieran dicho proyecto. Se presentaron profundas dificultades a nivel organizacional, esto es, qué grado 
de soberanía le correspondía a cada estado, tendiendo a reproducir los viejos recelos entre cada uno, así 
como los gastos que la defensa requería para mantener la integridad eran elevadamente costosos y se 
hicieron insostenibles a lo largo del tiempo. 

Al término de su segundo mandato la Federación se encontraba colapsada y las fuerzas oligárquicas se 
encontraban en plena ofensiva, asentada ya en Guatemala, Nicaragua, Honduras. A pesar de apostar el 
proyecto unionista reorganizando fuerzas desde su presidencia en El Salvador, no pudo contra la feroz 
oposición de sus contrincantes y partió al exilio primero a Costa Rica y luego al Perú. Retornó en 1841, con 
la idea de refundar la federación, desembarcando en territorio costarricense obteniendo una rápida victoria 
política sin enfrentamiento armado, convirtiéndose en Jefe de Estado. Este acontecimiento convulsionó a las 
oligarquías regionales y por sobre todo al consulado inglés. La contrarrevolución se hizo sentir de 
inmediato, con una invasión de tropas nicaragüenses a Costa Rica con el fin del derrocamiento político y 
físico del Presidente y patriota centroamericano. El 15 de septiembre de 1842 es fusilado este hombre de la 
patria grande, sin juicio ni posibilidad de defensa alguna. Con él muere también el proyecto confederal.
¿Por qué empezamos a hablar de Francisco Morazán para hablar de Sandino y del pueblo sandinista? 
Porque entendemos que los sueños de unidad, soberanía y libertad de nuestros libertadores se reflejan en 
todas las luchas populares nuestroamericanas y porque también se unen y se enhebran en la historia en la 
medida en que esos proyectos inconclusos retornan como asignaturas pendientes a la vida de los pueblos. 
Las unen además similares adversarios, encarnados en las élites terratenientes o propietarias de los 
principales recursos, y el imperialismo ya sea europeo o estadounidense, que operó siempre como factor 
disgregante y deformador de las economías y las instituciones latinoamericanas (y de toda la periferia). 
Morazán y Sandino, fueron, son, líderes y mártires de la misma causa, en distinto momento.

Nicaragua: de patriotas, gerentes y filibusteros.

¿Verdad que da escalofrío? ¿Dónde comienza y dónde termina el “Gobierno” del Estado Yanqui? 
Juan José Arévalo

Nicaragua sufrió particularmente las guerras civiles luego de desmembrada la Federación. Tenía dos 
ciudades relativamente desarrolladas y enfrentadas entre sí: Granada y León. Organizaban su vida 
económica y política de forma independiente, mientras el resto del país era una extensión territorial en 
dónde se asentaba la población mestiza pobre, mano de obra de las haciendas de añil y cacao4.Granada 
era una rica ciudad de comerciantes conservadores, que se opusieron a la independencia y a las reformas 
liberales, y León era una ciudad conformada por agricultores, cuna del partido liberal. Rota la Federación, 
ambas ciudades reclamaban para sí la capitalidad del Estado Nacional. Los campesinos eran arrastrados a 
la guerra civil que enfrentaba a estas ciudades antagónicas. 

Inglaterra pronto comenzó a competir con el reciente poderío norteamericano por la hegemonía continental, y 
en Nicaragua por la construcción del canal interoceánico. A través de un tratado denominado Clayton-Bulwer, 
Inglaterra le reconoce a Estados Unidos el derecho canalero sobre Nicaragua, dónde, por supuesto, las 
autoridades nicaragüenses ni siquiera fueron consultadas. 

El hecho de que en 1848 se descubra oro en California, despierta ávidamente la sed de la piratería, que 
obliga a innovar las rutas de acceso y es Nicaragua un punto neurálgico por dónde pasaran los filibusteros. 
Se fagocitan a su vez, las internas entre granadinos y leoneses, en dónde los segundos deciden contratar 
mercenarios norteamericanos para derribar el gobierno conservador de Chamorro. William Walker, 
esclavista del sur estadounidense, arrebatador de tierra mexicana para su anexión al país del norte, será la 
cabeza del ejército mercenario.

Es recibido con júbilo por los leoneses, toma la Ciudad de Granada, fusila a sus dirigentes políticos, y tal 
fue el impulso de su victoria, que termina proclamándose Presidente de la República. Decreta el idioma 
inglés como lengua oficial, restituye la esclavitud, los Estados Unidos reconoce su mandato y establece 
relaciones diplomáticas.

Sin embargo, la aventura del pirata será breve, y los ejércitos centroamericanos lo derrotaran y expulsaran 
del país. A pesar de ser derrotado, perseveró en su empresa, e intentó conquistar nuevamente el territorio 
en varias oportunidades, hasta que en 1860 es arrestado y fusilado en Honduras.

Granadinos y Leoneses firmaron un acuerdo de paz que permite a los conservadores gobernar 30 años el 
país en un clima relativamente apacible.5

Llegando a los últimos años del Siglo XIX, el capitalismo mundial dio un nuevo salto expansivo, y 
Centroamérica, como todo el continente fue insertada en el mercado mundial como proveedora de materias 
primas para los centros manufactureros. Café y Bananos son los nombres de las cadenas 
centroamericanas. 

El nuevo orden agrario ligado a las necesidades del mercado mundial, es la veta que encuentran los 
liberales para llevar a cabo revoluciones contra los conservadores, estableciendo en el poder un gobierno 
militar liberal presidido por José Santos Zelaya en 1893. En paralelo son ocupadas enormes extensiones de 
tierras por parte de compañías norteamericanas como la United Fruit para la producción del banano.

Zelaya llevó a cabo reformas liberales que no fueron vistas con buenos ojos por el vecino del Norte, quien 
no le perdonó el intento de la construcción del canal en asociación con otras potencias extranjeras como 
Alemania y Japón. Esta “desobediencia” le costó el gobierno al militar en 1909 y a Nicaragua la ocupación 
del territorio por parte de la Marina de Guerra estadounidense.

De aquí en más, las fuerzas de ocupación vigilarán los gobiernos conservadores que se suceden en una 
calesita entre parientes, que de los rangos gerenciales de las empresas yanquis pasan a la Presidencia de 
la República. 

El colmo de la infamia se vería retratado en el tratado que Emiliano Chamorro firma con el secretario de 
estado norteamericano en 1914 en torno a la construcción del canal. En su triste letra dice: “El gobierno de 
los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de noventa y nueve años, el arriendo y 
concesiones referidos, a la expiración de los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el 
territorio que por el presente se arrienda y la base naval que pueda ser establecida en virtud de la 
concesión ya mencionada, estarán sujetos a las leyes y soberana autoridad de los Estados Unidos”6. En 
este tratado se manifiesta la absoluta venta de la soberanía en el que Estados Unidos consiguió que 
ninguna otra potencia conserve y explote un canal en Nicaragua, al que por otra parte no le interesa 
construir porque ya concretó el de Panamá.

Los liberales, que permanecían en segundo plano en esta relación simbiótica entre el imperio y los 
conservadores, volvieron al ruedo bajo la accidental presidencia de Bartolomé Martínez, quien asume por la 
muerte del jefe de Estado. Martínez mantenía cierta independencia de criterio por no provenir directamente 
de una familia de la oligarquía granadina. Fue así como buscó la confluencia con el partido Liberal y dirigió 
una alianza para las siguientes elecciones entre un conservador (Solórzano) y un liberal (Sacasa). Entre 
revueltas y contrarrevueltas, son puestos y depuestos, promulgados y derrocados presidentes liberales y 
conservadores en el lapso de meses, hasta que la bendición norteamericana nombra a un antiguo amigo 
suyo, ex contador de una empresa minera: Adolfo Díaz. Los liberales, expresados en Sacasa, desconocen 
esta decisión y establecen un gobierno en Puerto Cabezas, lo que trae aparejada una crisis militar que 
desemboca en un nuevo desembarco de marines de guerra y también de la diplomacia estadounidense 
dispuesta a negociar con los liberales el precio de su rendición. El Ministro de Guerra, General Moncada, se 
sintió tocado por la varita mágica y creyó ver en los acuerdos de rendición con Estados Unidos su salto a la 
presidencia. Reparto de cargos para los insurgentes y la Presidencia para su General era el punto culmine 
del alegre pacto. 

Sandino: Una Pedagogía de la Dignidad

“En Nicaragua, señores,
Le pega el ratón al gato.”
Cántico guerrillero sandinista

Augusto César Sandino emergió a la escena pública en el marco de esta rebelión de los liberales contra los 
conservadores y su alianza imperial. Sandino había trabajado en plantaciones y haciendas, había sido 
guardalmacén en la United Fruit de Honduras y minero en Nicaragua. Comenzó su prédica entre los mineros 
en 1926, enfatizando en la causa nacional, a tal punto que conformó una pequeña columna de soldados al 
norte de Nicaragua, que se plegó al combate de los liberales de insurrectos. Entendía que en esa rebelión 
se estaba combatiendo la intervención extranjera y fue así como se incorporaron a su ejército además de 
los obreros de las minas, los campesinos desharrapados de las selvas nicaragüenses. Con armas viejas e 
insuficientes, con equipamiento rudimentario pelearon enarbolando la bandera de Libertad o Muerte.

Como la insurrección de los liberales no era otra cosa que una disputa oligárquica, el pacto con Estados 
Unidos era motivo suficiente para aceptar la rendición. Pero para las huestes sandinistas, se estaba 
librando una lucha por la liberación nacional que empezaba a ser plenamente tal y que terminaría con la 
expulsión del Imperio: “transformarían una guerra de soldados reclutados a la fuerza y de generales 
oportunistas, en una guerra en que generales serían todos pobres y soldados serían todos pobres e hijos de 
pueblo, que andarían en harapos (…) y aquella guerra convencional de montoneras, se transformaría en la 
primera guerra de guerrillas librada en el continente americano” 7.

Entre 1927 y 1933 este ejército del pueblo libra a brazo partido la guerra contra el invasor ocupante 
obligando su retirada el 1 de enero 1933, día en que el último contingente de marines se embarca y 
abandona Nicaragua.

El pensamiento de Sandino

Sandino entendió desde siempre su lucha como una lucha por la nacionalidad, por la necesidad de dejar de 
ser colonos de una potencia extranjera. Desde sus columnas en la selva, los soldados aprendían a combatir 
y también a leer y escribir para poder emitir sus propios telegramas, cartas y comunicados. El ejército del 
pueblo pobre también era una escuela. Dice Sandino: “Los yanquis solo pueden venir a nuestra América 
Latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a 
mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América latina donde el invasor asesino fije sus 
plantas en actitud de conquista”8. 

Sandino convirtió la causa nicaragüense en una causa latinoamericana. En todo momento enlazó la defensa 
de la soberanía con la defensa de los oprimidos, los indígenas, los campesinos, los obreros explotados en 
las plantaciones y haciendas. Proclamó a viva voz que lo que en Nicaragua se estaba librando no era solo 
incumbencia de los nicaragüenses, sino de todo el mundo latinoamericano, y se vinculaba a los proyectos 
que nuestros libertadores habían concebido en el siglo anterior: “Los Hombres dignos de América latina 
debemos imitar a Bolívar, Hidalgo, San Martín, y a los niños mexicanos que el 13 de septiembre de 1847 
cayeron acribillados por las balas yanquis en Chapultepec, y sucumbieron en defensa de la patria y de la 
raza, antes que aceptar sumisos una vida llena de oprobio y de vergüenza, en que nos quiere sumir el 
imperialismo”9.

En la senda de Simón Bolívar, enarbola el proyecto de unidad continental como una necesidad histórica. En 
su manifiesto Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar sostiene: “Variadas y Diversas son las 
teorías concebidas para lograr, ya sea un acercamiento, ya una Alianza, o ya una Federación que 
comprendiendo a las veintiún fracciones de Nuestra América, integren una sola Nacionalidad. Pero nunca 
como antes se había hecho tan imperativa y necesaria esa unificación, unánimemente anhelada por el 
pueblo latinoamericano, ni se habían presentado las urgencias, tanto como las facilidades que actualmente 
existen para tan alto fin, históricamente prescrito, como obra máxima por los ciudadanos de la América 
Latina”10.

También rescata el proyecto morazanista de la Federación Centroamericana, elaborando un Plan de Unión 
en el que otorga a cada provincia -estado una cartera y función específica de acuerdo a su grado de 
organización y desarrollo, poniendo énfasis en la creación de un Ejército Autonomista Centroamericano para 
la defensa de toda América Latina: “El Ejército Autonomista de Centroamérica declarará abolida la farsante 
Doctrina Monroe. Y, por lo mismo, anula el vigor que dicha doctrina pretende ejercer, para cobardemente 
inmiscuirse en la vida política, interna y externa, de las Repúblicas Indo-Hispanas”11.
Una vez expulsado el invasor, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua depuso las 
armas y se dispuso a negociar la paz. El gobierno del liberal Sacasa, electo en 1932 había aceptado el 
pliego de condiciones impuesto por Estados Unidos tanto como a liberales como conservadores, que 
requería que al retirarse las tropas de ocupación se llegara a “ común acuerdo” para designar al jefe de la 
Guardia Nacional. Por primera vez sería un nicaragüense, aunque no por eso menos adicto a Norteamérica: 
Anastasio Somoza García.

El Ejército profesional, se convirtió tras años de lucha contra el sandinismo en un ejército armado y 
entrenado para combatir a su propio pueblo, y a ejercer como una fuerza de ocupación en su propio 
territorio.

En el año 1934, cuando se estaban realizando los acuerdos de paz entre Sandino y el gobierno, el héroe de 
Las Segovias es asesinado a balazos junto a varios compatriotas, tras una emboscada. Somoza es quien 
ejecuta la criminal empresa, pero es el Imperio quién da la orden de fuego. 

La semilla de Sandino se siembra en la lucha del pueblo nicaragüense

“…Vos estás resucitando 
en cada brazo que se alza 
para defender al pueblo 
del dominio explotador. 
Porque estás vivo en el rancho, 
en la fábrica, en la escuela, 
creo en tu lucha sin tregua, 
creo en tu resurrección…”

Hermanos Mejía Godoy
Credo Nicaragüense. Misa campesina.

Cuarenta años de dictadura familiar padeció el pueblo de Nicaragua. El somocismo, como era de esperar, 
favoreció el control monopólico de las empresas norteamericanas a la vez que garantizó el orden social vía 
represión y persecución política. 

Con el auge del cultivo de algodón y café, se generó una concentración abrumadora de tierras en favor de 
los terratenientes, en detrimento del campesinado quien se vio desprovisto de los terrenos de cultivo. Esta 
situación trajo aparejada más desocupación y pobreza. Por otra parte, el crecimiento industrial favoreció la 
consolidación del Grupo Somoza, quién comenzaba ya a asegurarse para sí el control de la banca nacional.
Para la década del ’60, el clima de malestar en que se vivía manifestaba profundas tensiones sociales. En 
1962 nace le Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los hijos de Sandino emprendían la lucha por la 
recuperación de su dignidad. Confluyeron en él la masa de obreros campesinos agrícolas desarrollada bajo 
el funcionamiento del esquema agroexportador. De aquí que en un primer momento el FSLN llevara a cabo 
su estrategia en base a la guerrilla rural. Ya entrada la década del ’70 se suman al frente los trabajadores 
urbanos lo que permitió la articulación de demandas de amplios sectores de la población en contra de la 
dictadura. El FSLN supo apoyarse de las contradicciones de la sociedad dictatorial para dar el salto a la 
toma del poder. Carlos Vilas argumenta: “la contradicción fuerzas productivas (pueblo)/relaciones de 
producción (clases dominantes), estuvo presente siempre en el desenvolvimiento de la dialéctica social, 
pero fue la acción política de las masas, su incorporación a la lucha sandinista, la que hizo de ella una 
crisis revolucionaria”12

Con el asesinato de Pedro Chamorro, dirigente liberal, en el año 1978, se recrudeció la movilización popular 
y se aceleraron las condiciones para el estallido social. La Revolución Sandinista triunfa el 10 de julio 1979 
abriendo una etapa de rica experiencia de transformación social, con participación popular pero también 
plagada de incertidumbres, iniciando un camino minado de obstáculos provenientes tanto de la estructura 
socio-económica preexistente, la amenaza permanente de los Estados Unidos, como del propio marco de 
alianzas al interior del bloque popular.

El programa desplegado por el gobierno revolucionario llenó de esperanza a Nicaragua y a América Latina. 
En materia económica se creó un Área de Propiedad del Pueblo en base a los bienes confiscados al 
somocismo. El objetivo era desarrollar una moderna industria que impulsara la producción de café, algodón, 
azúcar, banano como principales productos de exportación. Se nacionalizaron la banca, el comercio exterior 
y se impulsó una Reforma Agraria. Se llevó a cabo un Plan Nacional de Alfabetización en el que toda la 
sociedad se vio comprometida tomando forma de causa nacional. De alguna u otra forma los y las 
nicaragüenses formaron parte de este Plan que pretendía terminar con el analfabetismo en el país.13
Retomando el análisis realizado por Carlos Vilas, la Revolución Sandinista abre varias cuestiones que 
pueden ser utilizadas para pensar los procesos de liberación nacional en América Latina. Con similares 
desenvolvimientos históricos, estructuras económicas dependientes y una pluralidad de actores sociales, la 
liberación tal cual es entendida por los movimientos populares aborda por lo menos cuatro cuestiones 
principales:

a) La cuestión de clase o de la situación de los sectores oprimidos. Aquí se manifiesta la necesidad de 
eliminar la explotación de las masas populares por parte de pequeñas élites propietarias.
b) La cuestión nacional. Esto es la supresión del Imperialismo como factor dominante en las sociedades 
latinoamericanas a nivel interno y externo. La autodeterminación es condición necesaria para la conquista 
de la soberanía.
c) La cuestión del Desarrollo. En esta cuestión se refleja la superación del atraso derivado de la posición en 
la que se colocó a América Latina en el mercado mundial, como economías netamente agrarias y 
dependientes de las manufacturas exportadas. La expansión de las fuerzas productivas deriva 
generalmente en la necesidad de que el Estado sea quién se ponga a la cabeza de este desarrollo, al no 
existir una clase que lidere dicha expansión. Las alianzas policlasistas son intentos de llevar a cabo esta 
expansión. 
d) La cuestión democrática. Aquí se plantea la necesidad de refundar instituciones y canales para la 
participación en las decisiones de Estado de las amplias mayorías y no sólo de un reducto oligárquico.14

La Revolución sandinista como proyecto emancipador pone sobre el tapete los desafíos que se le presentan 
a América Latina en su lucha por el camino de la liberación, y también nos habla de la importancia que ese 
camino nos encuentre unidos, ya que en soledad los gobiernos populares suelen naufragar a la deriva, a 
merced del imperialismo siempre atento al sabotaje y a sus aliadas nativas representadas en los núcleos 
reducidos de las élites económicas y políticas. 

A Néstor y Hugo. Patriotas del Bicentenario.

Bibliografía

Pérez Cruz, Felipe de J. (2010). Centroamérica en Morazán. Morazán en Centroamérica. En Son Tiempos de 
Revolución. De la Emancipación al Bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
Ramírez, Sergio. (2007). El muchacho de Niquinohomo. Buenos Aires: El Andariego.
Sandino, Augusto César. (2007). Escritos y Documentos. Buenos Aires: El Andariego
Selser, Gregorio. (1955). Sandino. General de hombres libres. Buenos Aires: Ediciones Pueblos de América
Torres, Rosa María. (1980). Nicaragua: Revolución y Alfabetización. En Revista Nueva Antropología. Año IV 
N15. Distrito Federal: Universidad Nacional Autónoma de México.
Vilas, Carlos. (1987). Perfiles de la Revolución Sandinista. Liberación Nacional y transformaciones sociales 
en Centroamérica. Buenos Aires: Legasa

1 ver Ramírez, Sergio. (2007). El muchacho de Niquinohomo. Buenos Aires: El Andariego.
2 Pérez Cruz, Felipe de J. (2010). Centroamérica en Morazán. Morazán en Centroamérica. En Son Tiempos 
de Revolución. De la Emancipación al Bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
3 Ibídem
4 Ramírez, Sergio. (2007). Op. Cit.
6 Selser, Gregorio. (1955). Sandino. General de hombres libres. Buenos Aires: Ediciones Pueblos de 
América, página 63.
7 Ramírez, Sergio. Op.Cit., página 34.
8 Sandino, Augusto César. (2007). Escritos y Documentos. Buenos Aires: El Andariego, página 94. 
99 Ibídem, pp. 99.
10 Ibídem, pp.106.
11 Ibídem, pp.186.
12 Vilas, Carlos. (1987). Perfiles de la Revolución Sandinista. Liberación Nacional y transformaciones 
sociales en Centroamérica. Buenos Aires: Legasa, página 135. 
13 Torres, Rosa María. (1980). Nicaragua: Revolución y Alfabetización. En Revista Nueva Antropología. Año 
IV N15. Distrito Federal: Universidad Nacional Autónoma de México. 
14 Vilas, Carlos. (1987). Op. Cit.

No hay comentarios:

Publicar un comentario